Vi al sol rojo -o quizás era la luna roja de aquella vez, era en esas horas en que los astros cercanos descansan sobre las montañas y edificios-.

Lo vi y no encontré palabras de inspiración, ninguna, ni las que ahora encuentro y siento pretenciosas; ni las que encuentro y quiero guardar para que se materialicen junto un papel.

Ahora escribo esto, lo más seguro con la pretensión de recordar ese sol y esa sonrisa.

Ahora escribo.




Aunque mejor salgo a por otro encuentro.