Alan Moore mientras pasaba por la crisis de los 40:

“Pasé el necesario desconcierto ritual de declararme a mí mismo como un mago en noviembre de 1993, casi como vacunándote con una suave y controlada forma de colapso mental de modo que con suerte puedas tener suficientes anticuerpos para distinguir la locura mayor cuando aparezca. El relámpago propiamente dicho no me golpeó hasta primeros de enero de 1994. En cualquier caso, lo que ocurrió tras mi excursión de Pentecostés fue que conté a mis amigos y familiares la experiencia con el mismo orden y calma que emplearía para hablarles de cualquier otra cosa. Les dije que era totalmente consciente de que mis experiencias podían resultar decepcionantes, pero que por tratarse de un fenómeno mental poco frecuente, yo las encontraba interesantes, y por lo tanto, dignas de dedicación. Tras unas semanas divagando en una especie de aturdimiento productivo y muy creativo en el que produje un buen número de ilustraciones y co-compuse y grabé un par de las mejores canciones que haya escrito jamás, pasé a un modo más analítico y comencé a formular mi modelo de Espacioidea. Por este tiempo, mi familia y asociados se habían tranquilizado al comprobar que yo no era menos racional, funcional o creativo de lo que lo había sido anteriormente, por lo que podían o bien encogerse de hombros y dejarme seguir adelante o animarme a seguir discurriendo ya que encontraban el tema interesante también.”.